Así como María abraza a Juan Pablo II, esperamos ser nosotros tambien recibidos en el Cielo: Totus Tous.

 AMA (LUGAR DE ENCUENTRO): lo que hemos escuchado y celebrado, no solo lo guardamos en el corazón como un don bueno, bello y verdadero, sino que ese precioso regalo nos invita día a día, a vivirlo en comunidad, desde el siempre nuevo mandamiento de Dios: el Amor. Los que creemos, esperamos y amamos debemos estar en continua oración por los que no creen, esperan y aman: todo con y por la gracia de Dios. "Como sal en medio de los demás, un cristiano, o una comunidad cristiana, pueden contribuir calladamente (la sal no se impone ni por su violencia ni por su excesiva abundancia) a dar a la vida de la sociedad un gusto de evangelio, que en el fondo es a la vez un valor cristiano y radicalmente también humano. Es una comparación parecida a la de la levadura en medio de la masa de pan".J. Aldazabal

En nuestra Parroquia, en comunión con toda la Diócesis y esta en comunión con toda la Iglesia Católica, "creemos y por eso hablamos", y desde la fe y la proclamación de la Palabra, celebrada en Comunidad con los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el Perdón, vivimos el Mandamiento del Amor. Al menos este es nuestro deseo, y lo vamos consiguiendo, con la gracia de Dios. El Equipo de Caritas, es el encargado de animar, hacer presente, canalizar y recordar a la Comunidad Cristiana su misión, que no es otra sino la del mismo Cristo Jesús, "que no vino a ser servido si no a servir" (Mt 10,35-45). Resuene siempre en nosotros las palabras del profeta Isaías, cumplidas en Jesucristo y en cada uno de los que somos hijos de Dios por el Bautismo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena nueva a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-19).

      

¿QUÉ ES CÁRITAS?     

   Cáritas Diocesana es el organismo de la Archidiócesis de Valencia instituido para expresar la solicitud de la iglesia por los necesitados y favorecer la fraternidad humana a fin de que se muestre, con obras y palabras, el amor de Cristo. (Estatutos de Cáritas Diocesana, Art.3, 1.1)   La tarea de Cáritas es obra de muchos: voluntarios, colaboradores, técnicos, personas que dan gratuitamente su tiempo, sus conocimientos, sus recursos económicos, su afecto... para compartirlos con aquellos que más lo necesitan.   Todos somos conscientes de que la pobreza no es una realidad nueva. Pero hoy en día existe un brutal contraste entre la riqueza de unos cuantos y la pobreza de muchos. Paradójicamente, hay sobrados recursos en el mundo para acabar con la miseria en todas sus formas.   Para Cáritas, luchar contra la pobreza es abrir espacios de esperanza que hagan posible el crecimiento integral de la persona en una sociedad más justa, fraterna y solidaria.

CÁRITAS PARROQUIAL. Cáritas Parroquial, configurada como Consejo Parroquial de Cáritas, es la corporación de la Parroquia para promover y realizar la acción caritativo-social, en su demarcación (cf. CS 839-840. 830ss). El Consejo Parroquial de Cáritas estará formado por el Párroco (o Sacerdote Delegado), el Director, el Secretario, el Tesorero, los responsables de los distintos servicios que tuviera la Cáritas Parroquial, y un representante de cada entidad eclesial que en la demarcación parroquial trabaje en el campo de la acción caritativo-social. Funciones del Consejo de Cáritas Parroquial. Procurar la incorporación de la acción caritativa-social a la vida y la pastoral de la Parroquia. Facilitar a la comunidad parroquial el conocimiento de las realidades de pobreza y exclusión social y de sus causas, a través de estudios y comunicaciones. Animar el sentido del amor cristiano y las exigencias de la solidaridad con los necesitados. Impulsar la comunicación cristiana de bienes. Promover cuantos servicios se consideren necesarios para apoyar la promoción humana, el desarrollo integral y la inserción social de los pobres y ayudar especialmente a los más necesitados. Proponer al Consejo Pastoral Parroquial y promover, de acuerdo con éste, cuantas iniciativas se consideren necesarias para concretar los acuerdos y las orientaciones de Cáritas Diocesana y de Vicaría.

También aquí iremos colocando todos los testimonios que recibamos por el correo: chenchi1@teleline.es Deseamos nos sirvan a todos, y que este lugar sea y se transforme en lugar de Evangelización. Donde compartir todas las cosas que el Señor va haciendo en cada uno. 

¡Esperamos vuestras experiencias de fe!. 

Un fuerte abrazo.    chenchi1@teleline.es

 10.- ¡Buscando evangelizar, termine siendo evangelizado !

Lo que más me impacto es que muchas de las cosas que discutíamos lo creyeron los primeros cristianos.   O sea, que los cristianos que vivieron y compartieron con los apóstoles y que vivieron los próximos par de siglos creían lo mismo que la iglesia Católica hoy en día.

Mi testimonio. Hola y Dios les bendiga a todos.  Mi nombre es Juan Carlos Colón Moya.  Nací y me crié en un hogar pentecostal, en Hatillo; Puerto Rico.  En mi casa y en mi congregación (Iglesia de Dios Pentecostal, Movimiento Internacional del mismo barrio) aprendí muchas cosas acerca de Dios. Mis padres siempre me instruyeron a que aprendiera más y más de la Biblia, y así lo hice.  En varias ocasiones me encontré con personas de otras creencias y ellos me animaban a que me cambiara a su fe, sin embargo, como mi fe siempre se basó en Jesucristo y en la Biblia, nunca pudieron convencerme.  Todo lo que me decían lo repasaba con la Biblia y  encontraba en ella la paz de Dios al conocer la verdad. En mi caminar con Dios mis actividades favoritas eran: ir a la iglesia cuantos días pudiera (en ocasiones 6 de 7, o hasta 7 días a la semana), evangelizar por las calles repartiendo tratados y visitando las casas, predicar desde alguna casa o en el templo, orar (muy importante), conocer la Biblia (Palabra de Dios), ayunar y acercarme más a Dios.  En mi escuela (Luis Meléndez Rodríguez del Bo. Campo Alegre, Hatillo, P.R.), en mi Universidad (Universidad de Puerto Rico, en Arecibo) y en mi barrio (Sector Cuchí I, Bo, Campo Alegre) trate de hacer lo que pude para servir a Dios y extender el evangelio a aquellos que no lo conocían, o a aquellos que estaban “errados” (ahora me doy cuenta de que no todos los que yo pensaba que estaban equivocados, realmente lo estaban). Hasta hice mis propios tratados basados enteramente en la Biblia para que otras personas creyeran en Dios a través de ellos.  Sobre todas las cosas y en todas ellas, luche por llevar a cabo mi propósito: Hacer la voluntad de Dios y agradarle a Él. 

Buscando evangelizar, termine siendo evangelizado.   Hace unos días unos vecinos y amigos comenzaron a leer las Escrituras y estábamos convenciendo a un católico a que “se convirtiera al evangelio”.  Pero aunque pensamos que lo estábamos logrando, nuestro amigo(Rey) sentía en su corazón que había algo que no estaba bien en lo que estaba haciendo. Así que comenzó a investigar más a fondo lo que estaba escuchando (Que María tuvo más hijos, que los santos no pueden interceder por nosotros, que el papa es el anticristo, etc.).  Comenzó con la primera y en su investigación encontró que nunca hubo razones para creer que María tuviera más hijos.  Eso le sorprendió y pensó: “si la iglesia católica esta bien en un punto, y todas las otras iglesias están mal en ése, es muy posible que estén mal en otros puntos”.  Yo aun no me había convencido de eso, sin embargo no afirmaba que Maria tuviera más hijos pues sí había escudriñado el tema un poco.    Todo siguió de lo más normal hasta que mi amigo fue a un curso de "defensa de la fe" impartido por el hermano Martín Zavala, Misionero de la Palabra de Dios.  Luego del primer día mi amigo me contó que la conferencia estuvo súper interesante. Yo, en mi mayor deseo de ayudarlo a buscar a Dios sinceramente lo acompañé el segundo día del curso para escuchar la conferencia por el hermano Martín.  Fui los próximos cuatro días, no porque no tuviera nada que hacer, sino porque desde el primer día que fui aprendí muchas cosas que me impactaron.  Cosas que mi iglesia (Pentecostal M. I.) criticaba de la Iglesia Católica y que en realidad estábamos equivocados (los mismos temas que mencioné arriba: virginidad de María, el papa es el anticristo, confesarse con los hombres (sacerdote), las imágenes, etc.)  Y aunque todo esto me impresionó, lo que más me impacto es que muchas de las cosas que discutíamos lo creyeron los primeros cristianos.  O sea, que los cristianos que vivieron y compartieron con los apóstoles y que vivieron los próximos par de siglos creía lo mismo que la iglesia Católica (y lo siguieron creyendo hasta el día de hoy).  Y por “casualidad” creían muy diferente a lo que creía el concilio pentecostal al cual yo pertenecía.  Dediqué los próximos días a continuar mi investigación sobre algunos puntos en los que yo estaba aún batallando, pero uno a uno se fueron resolviendo.  Cada día las enseñanzas de la iglesia Católica se hacen más razonables y entiendo más y más la fe de siempre.  

De cristiano pentecostal a Cristiano Católico. Cuando miro a las tantas críticas que le hice a los católicos me doy cuenta que los juzgué sin razón, pues yo nunca investigué si era cierto o no lo que la Iglesia decía.  Simplemente creía “por fe” lo que me enseñaron en mi fe pentecostal. Nunca, hasta hace poco tiempo, había comparado mis interpretaciones y mis creencias con las de la iglesia primitiva.  Aquella Iglesia que siguió creyendo a Dios luego de los apóstoles.  Aquella iglesia que Dios había dejado en este mundo para que fuera luz del mundo.  Aquella única iglesia que seguiría al Cordero aún hasta la muerte.  Aquella misma iglesia que Cristo le prometió que estaría con ellos hasta el fin (Mt 16:18; Mt 28:20).  Aquella iglesia, a quienes yo llamaba (por ignorancia) idólatras, para mi sorpresa era la única iglesia que Cristo fundó y que ha permanecido desde los días de Jesucristo hasta el día de hoy: la Iglesia Católica. Gracias le doy a Dios que me enseñó a ser un poco más responsable con mi salvación y a no creer ciegamente a lo que me decían los hombres, sino a buscar la verdad de forma sincera. Sin embargo le digo siempre a mi Dios amado: “Lo que Tú crees es lo que quiero creer.  No permitas que crea yo en otra cosa sino la que Tú, Dios Todopoderoso, crees.”  Y sé que ese Dios maravilloso que me ha guardado toda mi vida, que me amó tanto y tanto que envió a Jesucristo al mundo a morir por mí, que me recibe con los brazos abiertos cada vez que voy a Él... sé que ese Dios maravilloso no me va a desamparar, como no lo hizo en ninguno de mis 23 años. 

Antes era cristiano, ahora lo soy mucho más.  Antes amaba a Dios, ahora lo sigo amando y siento un gozo maravilloso, pues ahora sí no sólo estoy acercándome a Dios, sino que cada día compruebo que la Iglesia Católica es la única que fue fundada por Jesús (a diferencia de todas las demás), y me consuela, enorgullece, y me inspira saber que soy parte de Ella.  A Dios sea la gloria y honor por todos los siglos, Amén. 

Mis planes son servir al Señor Jesucristo en la Iglesia que él fundó: La Católica.  Hace unos días me inscribe en mi parroquia para tomar clases del catecismo y así poder confirmarme y hacer la primer comunión para recibir a Jesucristo en la Eucaristía. También hemos iniciado en un ministerio de Defensa de la fe (apologética) de los Misioneros de la Palabra de Dios. Y sobre todo, mi meta es cumplir el mandamiento de Jesucristo “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” (Mt. 28:19)  Todo el mundo tiene que saber la verdad Completa.  Y esa verdad está en la Iglesia de Jesucristo, la Católica, la cual no podrá ser vencida ni por el Hades (Infierno). (Mt 16:18)  ¡A Dios sea la gloria!

Invitación a mis hermanos evangélicos.   Hermano lector, te invito a que compruebes por ti mismo lo que he dicho.  Lee detenidamente los artículos que están en este sitio www.defiendetufe.org y reflexiona sobre cada punto.  Busca las interpretaciones de los primeros cristianos, aquellos que siguieron a los apóstoles, la iglesia de Dios en esta tierra y comprueba que esa iglesia primitiva creía lo mismo que creemos los católicos.  El cambiar a Católico no es cuestión de negar en todo lo que creíste, sino en mejorarlo llevandolo a la plenitud, creyéndole a Dios un 100%.  Te ruego que no me juzgues antes de comprobar la información que esta en este site.  Acuérdate del verso de 1ra de Timoteo 2:15 “Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”.  Busca con sinceridad a Dios y decídete a seguirlo a donde quiera que El te guíe. Si tienes alguna pregunta acerca de la iglesia que Cristo fundó y de su fe, la fe Católica, o si tienes alguna pregunta acerca de mi testimonio  puedes comunicarte con los Misioneros de la Palabra de Dios a la dirección que encuentras en las paginas de este sitio. 

  Dios te bendiga y ruego por ti para que Dios te guíe siempre.  En Jesucristo nuestro Salvador y Señor,  Tu hermano y amigo, Juan Carlos.

martin@defiendetufe.org

9.- Mi vocación...

Nací en el 68. Todos estaban por esas fechas de cambio y "revolución", puede que eso me influyera un poco, esa puede ser mi manera de ser, un poco revolucionada. Mi familia... estupenda. Mi pueblo, pequeño pero precioso, lugar donde con mi familia aprendí a rezar y a tener por delante de todas las cosas a Dios, aun sin conocerle, fiado de mis mayores, que es como se aprendía antes y tan bien. Y mi vida hasta los 18 años como la de tantos otros...llena de gracia y pecado, como todo lo humano. no me gustaba casi nada estudiar, prefería divertirme...claro está, con esos ideales, pronto llegaron los fracasos, uno detrás de otro, aunque por orgullo, aprendía a disimularlos.

En medio de tantas historias... que me dejo por contar, a alguien se le ocurrió llevarme donde no pensaba ir. Cerca de quien conocía de pequeño, pero al que no le había prestado mucha atención. Bastaron unos días de oración para darme cuenta que el Dios del que tanto me habían hablado y que tanto a veces me cansaba, era quien me estaba amando, aun con mis debilidades... Parecía que era el único que no me pedía nada a cambio. Se hacia realidad aquello de “Amaos unos a otros... como YO os he amado”. Todo en esos días empezó a ser nuevo. Tenia a Jesús-Xto hacia tiempo en mi vida, pero lo tenia enterrado. En estos días experimenté la Resurrección, primero la suya y con ella, la mía.

Como explicar que aun estando vivo había estado muerto, y ahora, con El, todo lo que me llevaba a la muerte, me estaba dando la vida. “Venid a mi los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Lo que yo consideraba como bueno, me llevaba al desastre y aquello que yo había despreciado, ahora me estaba dando la alegría. “La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular” “despreciado desecho de los hombres, como un malhechor lo llevaron y el no abría la boca”, así había estado todos estos años, El... con mucho respeto y mas de paciencia, a mi lado. Difícil de explicar, pero como todo lo sencillo y pobre, mejor es vivirlo que contarlo. Dios empezó a ser parte de mis cosas, hasta ver que la verdadera felicidad la iba encontrando, cuanto más lo ponía a El en primer lugar.

Ahora entiendo aquello de “El Señor es solamente uno”. Ahora se las palabras tan preciosas del Papa: “las delicias de Dios están puestas en la felicidad del hombre”. “A mi el mas insignificante de todos los creyentes el Señor me ha concedido esta gracia” “seguir las huellas por todo y en todo, del Pastor de los Pastores: Cristo Jesús”. 

He aprendido, por la gracia de Dios, que es un gran don la precariedad y no mas bien una desgracia. Sin merito por mi parte y “oyendo sin oír” la voz de Dios que me llamaba a entregarme a El para darle gloria y servir a los hombres, fue como entre en el Seminario. 

Recibí el ministerio del sacerdocio el día 27 de Mayo del 1995. Y ahora estoy aquí... de Párroco en Buñol contándote estas cosas...

“Abrid las puertas a Cristo, no tengáis miedo...” Si quieres... si necesitas compartir tus cosas... y puedo servirte de algo, aquí encontrareis mi dirección. A veces dos ven más que uno.  Un abrazo. 

8.- Sor Inmaculada de la Cruz.

Queridos hermanos: me llamo sor Inmaculada de la Cruz. Hasta los 18 años estuve en la Parroquia de San Bartolomé de Murcia en la 5ª comunidad. En el año 1989 hice mi primera y última peregrinación, pues a raíz de ella surgió mi vocación como monja de clausura en la Orden de Predicadores (dominicas). Os cuento. Había terminado el COU, y aprobado la selectividad; estaba matriculada para Veterinaria, cuando en ese verano hicimos la peregrinación a Santiago de Compostela y luego a Zaragoza para el encuentro con Kiko. Como podéis suponer no pensaba ser monja ni nada parecido. Yo quería ser médico y seguir caminando pues me encontraba muy bien en la comunidad. Era salmista y estaba muy metida en todo lo del Camino. Pero el Señor Camino, Verdad y Vida entró en mi vida con tanta fuerza que en la predicación de Kiko sentí que no podía quedarme sentada. Una fuerza interior me llamaba y sin sentirlo me vi de pie en aquel encuentro en la plaza del Pilar de Zaragoza.

A partir de ahí me sentí muy feliz por la respuesta y por la fuerza que venía sólo de Dios y que se manifestó más adelante cuando ante algunas dificultades tuve que marcharme de casa sin decírselo para entrar al convento. Hace 16 años que me levanté y soy feliz de la elección que Dios ha hecho sobre mí para estar con El y entregarme a El, y desde aquí, desde el convento predicar su Buena Nueva por todo el mundo, de una manera distinta ciertamente, pero muy eficaz.

Ahora con la elección del nuevo Papa Benedicto XVI, veo que es un don providencial para la Iglesia y en el encuentro en Colonia se ha visto palpablemente la gracia del Espíritu Santo. A todos os animo a no tener miedo, es verdad que hay muchas cosas que tiran en el mundo, pero al final no dan la felicidad, te enganchan pero no te satisfacen en plenitud. El Señor está llamando constantemente, ¿NO LE VAS A CONTESTAR?

En mi convento estamos varias hermanas de comunidades y estamos felices de sentirnos unidas al Camino Neocatecumenal, por el que pedimos continuamente. Estamos en Murcia, en la Plaza de Santa Ana, 1 - 30.008 Murcia. Si quieres puedes escribirnos y también por e-mail: dominicasmurcia@hotmail.com

Ofrecemos nuestro monasterio a las chicas que quieran conocer la vida contemplativa y deseen hacer una experiencia vocacional

7.- Sor María de Nazaret, O.P. C/ Pastores, nº 1 34005 PALENCIA

Teléfono 979.74.40.22  -  dominicaspalencia@dominicos.org

La Paz de Cristo Resucitado esté con todas vosotras. Me llamo Sor María de Nazaret, y soy una monja dominica que descubrí mi vocación en el Camino Neocatecumenal; desde que entré en el Monasterio me han invitado a contar mi experiencia para que ayudase a otras chicas que pudieran encontrarse en una situación parecida.

Entré en el Camino muy joven, recién cumplidos los 14 años. Mis padres llevaban caminando dos años, en la misma parroquia, pero en distinta comunidad. Desde el principio me gustó mucho el Camino, sobre todo las Eucaristías, tan participadas y al alcance de todos; pero también las celebraciones de la Palabra y las Convivencias me llenaban de alegría. En muchas ocasiones palpaba al Señor compartiendo esta experiencia con otros hermanos, que también hablaban en sus ecos de sentir su presencia, hasta físicamente, en los quehaceres de la vida.

Siempre asocié la búsqueda de mi vocación a las Peregrinaciones en las que el Papa convocaba a los jóvenes. La primera en la que tomé parte fue a Santiago de Compostela, en el año 89. Por entonces tenía 19 años y tenía el 2º escrutinio abierto; todavía no conocía mi vocación. Quería ser itinerante y tenía mucho miedo a que el Señor me llamase para ser monja, pues ni siquiera esta palabra me gustaba. Me llamó la atención que Kiko dijera que no veía por el momento necesidad de fundar una nueva congregación en la Iglesia, porque en cualquiera de las existentes puede santificarse una mujer de hoy. Yo, por si acaso, seguí esperando y continué mi vida cotidiana con los estudios, amigos, y trabajillos que salían al paso, pues no me faltaba de nada. El verano siguiente pasé por Palencia, de regreso de mis vacaciones con unos hermanos de la Comunidad, y nos encontramos con dos monjas dominicas que nos invitaron a asistir a la toma de hábito de una novicia. Al principio no iba a ir, pero por fin me decidí, y me presenté sola y temblando de miedo. Después de conocer a la Maestra de Novicias la pedí hacer una experiencia sin saber lo que decía, pues ni siquiera se lo había consultado a mis catequistas, y mucho menos a mis padres, que ya empezaban a sospechar. Durante la experiencia hubo momentos de todo, pero el Señor algo selló en mi corazón, que me incitaba a volver. Eso de entregar mi vida a la alabanza "con salmos, himnos, y cánticos inspirados" recordando continuamente la Liturgia que celebramos, por las numerosas veces que asistíamos al Coro me llenaba de alegría. Pero todavía no veía con claridad que ése fuera mi lugar.

Cuando se lo conté a mis catequistas me invitaron a ir a Polonia. Yo no quería, ni siquiera tenía dinero. Esta "excusa" no me sirvió de nada, porque el Señor fue tan generoso conmigo que me puso un trabajo en bandeja. Allí me levanté por primera vez, aunque mis sueños de casarme, formar una familia numerosa y marchar a la itinerancia, continuaban vivos.

Pasó otro año y conocí a las Hermanitas de Belén, con las que pasé el mes de Agosto en su Monasterio de Grenoble. Por entonces ya quería ser sólo para el Señor. Y llegó la peregrinación a Denver. Confié en que el Señor me aclararía el lugar donde quería que le amase más. Allí volví a levantarme, y los catequistas me invitaron a dar el paso definitivo.

María fue la que me llevó de su mano hasta el Monasterio palentino. Durante la vigilia de la Inmaculada di un eco, no sabía bien lo que decía, pero la comunidad de hermanas dominicas con la que celebraba sí lo sabía. Veían que el Señor me había tocado el corazón, aunque yo seguía con mis dudas: quería tener toda la seguridad, todo contado, medido y pesado. Pero la vida del Espíritu no es así. Sin darme cuenta, el Señor fue allanando los caminos para dejar la carrera sin terminar, a mis padres y hermanas, a mis amigos, y al Camino Neocatecumenal, que tanto quería, y al que ahora amo más por elevarlo a una dimensión contemplativa.  Ahora llevo más de 7 años en el Monasterio, y desde mi vocación de contemplativa, cada día amo más a este mundo tan necesitado de Dios y desde aquí animo a que otras tomen la antorcha de su vida sin miedo a abrasarse en el fuego del Espíritu. Recibid mi abrazo de hermana en Cristo, Sor María de Nazaret, O.P.

6.- Un seminarista...

¿CÓMO SE IBA A FIJAR DIOS EN UN ALEJADO?

Tengo 27 años y curso sexto de Teología en el Seminario Mayor de la Inmaculada, en Moncada (Valencia). Permitidme que comience este testimonio vocacional dando gracias a Dios por haberme concedido el don de nacer en el seno de una familia cristiana, donde ya desde pequeño mis padres se preocuparon de una mínima formación religiosa, formación que no fue aumentando conforme iba creciendo en edad, lo que provocó un enfriamiento en mi fe, aunque siempre he tenido a Dios como mi mejor amigo y confidente, pero era un Dios montado a mi manera. Durante mi juventud estuve alejado de la Iglesia, en el sentido que sólo me dedicaba a cumplir y, al final, ese cumplimiento acabó en abandono. En este contexto de apatía y dejadez empecé a sentir algo que, aunque no sé muy bien cómo explicarlo, me invadía llenando mi existencia de inquietudes y preguntas. La historia vocacional se despertó (a raíz de una confesión) una vez finalizado el curso de COU, y en vistas a iniciar la carrera de Derecho (entre el jaleo universitario, los ideales políticos, las ganas de diversión, el ansia de descubrir cosas, la búsqueda de novia…) En este contexto notaba cómo mi corazón no estaba conforme con muchas cosas, no podía quedarme igual ante las injusticias de la vida, el sufrimiento del mundo y la impasibilidad de la sociedad (en la cual yo me sentía implicado). Pero, claro, en todo este jaleo no sabía cuál era mi papel.Intenté apagar y olvidar estas historias con otras preocupaciones y excusas. Dejé la carrera de Derecho, ingresé en una academia de bomberos para prepararme oposiciones y, más tarde, al no convocarse oposiciones, me llamaron a cumplir el servicio militar a Cartagena, donde, a pesar de ser el año de más rebote y perdición, más claro experimenté la voz de Dios invitándome a una gran misión que debía descubrir. Pensé en mil historias, en grupos de acción humanitaria, en el voluntariado, en ir a la aventura a algún país del tercer mundo, e incluso se me pasó por la cabeza la vida sacerdotal, pero, claro, ¿cómo se iba a fijar Dios en un alejado de su Iglesia para realizar tal misión? La lucha se iba incrementando mientras yo buscaba evadirme entre los amigos y la fiesta. Pensaba que Dios bromeaba, o experimentaba conmigo, o no era consciente de lo que me proponía; no sé muy bien lo que pasaba, pero mi corazón no podía descansar. Ante esta situación hice lo que creo que hemos hecho todos los seminaristas: acudir a un sacerdote amigo para pedirle ayuda y consejo. Este amigo mío, primero, me encaminó a vivir mi fe en el seno de una comunidad parroquial y, después, me ayudó a discernir mi vocación en el seno de Iglesia. Después de hablar con el Delegado de orientación vocacional y con el Rector, entré en el Seminario para madurar y modelar esa posible vocación que Dios había sembrado en mi vida. Ahora, seis años más tarde, sólo puedo dar gracias a Dios por la historia de amor que ha hecho y está haciendo conmigo. Estoy convencido de que sólo el amor de Dios, manifestado en su Hijo Jesucristo, es capaz de colmar de forma radical la existencia del hombre. Esto es lo que yo he experimentado, y esto es lo que quiero compartir desde el ministerio sacerdotal. El próximo día 31 de marzo seré ordenado diácono y el 30 de junio recibiré el ministerio presbiteral. A Dios le pido que me permita ser fiel a la vocación a la que he sido llamado y que, a pesar de todas mis debilidades y pecados, pueda servir a la Iglesia, a la que he descubierto como Madre y Maestra. Puedo afirmar, con toda rotundidad, que me siento plenamente realizado. Esto no significa que no existan momentos de duda, tentación y sufrimiento…, pero, a pesar de todo esto, nunca antes he experimentado tanta felicidad. Es el mejor tesoro que jamás me han dado, y por nada en el mundo lo cambiaría, es más, si mil veces naciera, mil veces pediría a Dios la vocación. En Valencia celebramos el Día del Seminario el domingo 25 de marzo, ya que el día 19 estamos en pleno ambiente de las fiestas de las Fallas. En este día los seminaristas estamos invitados a dar testimonio, principalmente en las celebraciones eucarísticas de nuestras parroquias de origen, de pastoral o en otras. Estoy convencido de que muchos jóvenes en nuestras parroquias no se atreven a concretar su vocación invadidos por un falso temor, de ahí la importancia y urgencia que tenemos todos los cristianos por despertar nuevas vocaciones al servicio de la Iglesia. La pastoral vocacional, aunque debe estar coordinada por un equipo de trabajo, no puede realizarse exclusivamente de esta forma. Todos en la Iglesia estamos llamados a anunciar el Evangelio de la vocación.

La intención de esta Jornada es la de hacer presente, en las comunidades cristianas, la vida del Seminario; lanzar en el corazón de los jóvenes la pregunta vocacional: ¿Te has planteado alguna vez la vocación sacerdotal?; pedir con esmero la oración de los feligreses para que los seminaristas perseveren y para que muchos jóvenes respondan con generosidad al Señor; e invitar a la generosidad en ayudar al Seminario.

Espero que os sirva de provecho, y no dudéis en poneros en contacto con nosotros para cualquier consulta.

Álvaro Almenar Picallo. Valencia

5.- NUEVOS RESUCITADOS

 Hoy es Pascua. Pero nadie resucita ya. Con los ojos anegados en tierra, en cansancio de siglos, miramos en derredor con suficiencia... a pique del XXI no hay panes multiplicados, no hay ciegos que recuperen la vista, no quedan Lázaros que se levanten. ¿O sí? ¿O sí y nadie lo había contado? Aquí cuatro que dicen que han resucitado. Una estudiante de Caminos que hoy es monja de clausura; un «yuppie» danés, forrado de pasta y mujeres, que se deslumbró con su secretaria católica; un misionero de 20 años, que interrumpió Pedagogía para marcharse a Chile y un cura de 29 que, cuando mira a las mujeres, recuerda «que la belleza es el reflejo de la Gloria de Dios». Para ellos la vida es Pascua. Una alegría serena que comenzó una tarde cualquiera, como aquella en Galilea, y que ilumina sus días. Son «Nuevos de Pascua» -¿Monja de clausura? ¿Te das cuenta de que dejas todo por nada? -Es difícil escuchar de la única hija algo que uno no entiende. Que no entiende y que se ve obligado a respetar... «porque era innegable que mi decisión me hacía feliz, y eso no se podía prohibir». Sor Ana Jesús tiene veintiún años y es la más joven del convento de clarisas en el que ha decidido vivir para siempre. Es mucho más vivaracha de lo que la foto que tienen delante permite suponer. Ojos grandes, boca grande, sonrisa grande y gestos grandes para una niña que habla como una mujer y que nació, como ella misma dice, «en una familia que no había descubierto la fe». A Ana le encantaba salir de copas, conducía un «golf», viajaba, estudiaba Ingeniería de Caminos en Madrid y jugaba tan bien al tenis que alguien sugirió que podría llegar a ser una campeona. «Pero viendo a Arancha (Sánchez Vicario) pensaba: «Está bien, ser la mejor, tener millones... pero no es suficiente». Tenía una enorme necesidad de amar y ser amada». A través de su novio -con el que salió dos años y medio-, empezó a frecuentar una parroquia. «Había un grupo de amigos a los que sólo unía entre sí la fe. Cuando nos separábamos, no podía evitar decirme: es verdad. Ellos son más verdad que todo lo que me ha pasado». Libre, al fin Con ellos hizo una visita al convento. «Sentada frente a aquellas mujeres, oyéndolas hablar de su vida entre cuatro paredes, sentí derramarse sobre mí todo el amor y la misericordia que había buscado durante tanto tiempo. Hoy sigo experimentando lo mismo. Por extraño que parezca, ahora que me lo han quitado todo, que me han dado un hábito con el que, de espaldas, soy apenas una monja más, ahora soy verdaderamente la Ana que siempre he querido ser. Cristo, que siempre ha estado ahí, como un susurro, ha respetado mi camino y mi libertad y, como un esposo delicado y tierno, me ha abrazado finalmente». -¿Y por qué no la labor social? -Todas las vocaciones son loables, pero la nuestra es entregar la vida a Cristo y, a través de Él, al mundo entero. Estamos dedicadas al Amor, para ser testigos ante el mundo de que sólo Él colma la vida, y para llegar a todos, al sufrimiento y al corazón de cada hombre, a través de Él. Por eso la clausura no es un agobio: es la apertura más grande, la que tiene al mundo como horizonte. Yo estaba encerrada, y ahora me siento libre. -¿Qué dijo tu familia? -Mis padres no entienden la Iglesia. Se opusieron con todas sus fuerzas a mi decisión. Algo comprensible, puesto que, para ellos, el convento era la muerte en vida. La tensión fue tremenda en casa pero, a la vez, jamás me prohibieron nada, porque percibían que todo aquello les rebasaba. No podían dejar de ver que su hija era más feliz que en su vida habitual. Ana Jesús, como ahora se llama, se levanta en mitad de la noche para rezar Maitines, amanece definitivamente a las siete menos cuarto, desayuna pan y leche, reza y trabaja en silencio la mayor parte del día y ha aprendido a vivir sin calefacción. «Humanamente es imposible. Hay días en los que, al escuchar el toque de Maitines, a las dos y cuarto de la mañana, no te levantarías... pero no lo haces por obligación: sólo te levantas por Cristo. Ahora Ana es de Cristo (por eso he elegido como nombre el de Sor Ana Jesús) y Él no descansa a esas horas en que yo solía irme de marcha, y en que tanta gente desesperada busca inútilmente la alegría. En el silencio más denso, en la oscuridad más profunda, las monjas nos arrodillamos en la Iglesia frente al pequeño Sagrario iluminado, y contemplamos al Unico y, en El, al mundo entero. Es el momento en que damos la vida por los que viven sin darse cuenta de que la vida pasa». Un amor enloquecido -Muchos no te entienden... -Yo no he venido al convento a «tener una experiencia de Dios» o a ser buena. Yo estoy aquí arrebatada por un amor enloquecido: el del que ama con locura al que lo injuria y lo mata. Esto es la Semana Santa. Y te aseguro que dejar una carrera para hacer trufas o fregar la escalera no es posible sino a cambio de algo muy real. Muy tangible.

4.- Tangible, dice la pequeña Sor Ana Jesús. 

Y lo mismo afirma alguien bastante distinto a ella. Christian Harhoff, de 31 años, vive en un ático deslumbrante. Con una mezcla de muebles antiguos y lámparas modernas y una terraza volcada sobre los tejados del Madrid antiguo. Este rubio, bien consciente de su atractivo, nació en una excelente familia danesa. A los dieciocho años comenzó a trabajar en una consultoría de marketing y a jugar en bolsa. De ahí a su primer «Morgan» (un coche antiguo inglés, para los profanos) apenas medió un paso. Pero nada es eterno. En el verano del 88, con una brusca bajada de las cotizaciones, perdió todo su dinero. «Me vi colgadísimo, francamente, y decidí que era el momento de cambiar de aires». (Aquí Christian barbota una carcajada.) A través de su padre buscó trabajo en España, aprendió el castellano duro pero completo que maneja y, con el tiempo, montó su propia empresa. «En el 92 -explica- contraté una secretaria que resultó «distinta». No era la mujer de familia rica, la chica perfecta que yo solía buscar, me llamó la atención por su extraordinaria humanidad. Natural- mente, yo pasaba de puntillas por encima de su cristianismo: para mí, la pobre era victima de una comedura de tarro». Un «yuppie» en apuros La vida empezó a cobrar matices desagradables. «Me di cuenta de que lo que hacía no me llenaba, y que era la insatisfacción lo que siempre me había impulsado a buscar una solución instintiva, un coche, una mujer guapa, un viaje exótico. Un día en que comíamos juntos, percibí que la miraba de forma distinta que al resto de las chicas. «Oye -dije-, tengo la sensación de que, cuando te miro, estoy mirando más allá», y va ella y me responde: «Es porque estás empezando a mirar a Cristo», así, como si tal cosa. Estallé en carcajadas, literalmente». En cualquier caso, Christian Harhoff acabó aceptando una invitación para pasar unas vacaciones con los amigos de su secretaria, del movimiento católico «Comunión y Liberación». «Eran jóvenes como yo, con las mismas dificultades y ambiciones, pero con una alegría que yo no tenía. Sin embargo, me sentía molesto y decidí marcharme aquella misma mañana». Instantes después se rompía un tobillo y tuvo que quedarse. «Me cabreé extremadamente -les juro que utiliza este adverbio- ¡Ni siquiera había muletas en el hotel y yo, supermán, tenía que desplazarme apoyado en otros!». Días después mantuvo una conversación con un cura que, al despedirse, manifestó curiosidad por su futuro: «El Señor es grande -le dijo-, y Él sabrá qué quiere de ti: no he sido yo el que te ha buscado!». De aquella conversación, confiesa no haber entendido nada: «Cero». Pensó además que Dios no podia ser el fruto de una imposición mental. Que, si de verdad existía, se haría evidente. «De modo que decidí seguir tratando a estos nuevos amigos y, simultáneamente, continuar con mi vida de siempre». Una frase «rara» «Entonces empezó el drama» explica. «La gente empezó a importarme. Salía con mis amigas y, a la vez, adquiría conciencia de que me comportaba de forma egoísta con ellas. Por supuesto era incapaz de cambiar de vida». Trescientos sesenta y cinco días después de aquellas vacaciones, caminando por la calle encontró la explicación a la frase que le había perseguido durante el año entero: «No era el cura el que me buscaba, en efecto, no eran los amigos: era Cristo mismo el que me buscaba a través de ellos. Por primera vez entendí que la libertad que había perseguido durante toda mi juventud era cien veces inferior a la de poder decir, simplemente, «sí, quiero»». Lo demás se lo resumimos a los lectores, con ánimo de no aburrir en exceso. El danés comenzó a estudiar el catecismo y solicitó su ingreso en la Iglesia Católica (había sido luterano, al menos en teoría). El arzobispo de Madrid, monseñor Rouco, lo confirmó en la Almudena, el día de Pentecostés. -¿Y en qué has cambiado? -Puede parecer que en nada. Sigo saliendo con muchos de mis antiguos amigos, pero ahora es Cristo el fundamento de mi vida. En todo momento lo reconozco y puedo decirle «Tú». Durante años, los deseos fueron para mí una sucesión frenética de apetencias impuestas socialmente. Ahora tengo la posibilidad de elegir lo que percibo como más verdadero, lo que me hace más alegre y más hombre. Muchos de mis amigos en Dinamarca, en Estados Unidos y aquí se han dado cuenta del cambio, y me buscan. Experimento diariamente la felicidad de reconocer que se cumple lo que siempre he deseado. He nacido de nuevo.

3.- La de Emilio Pérez, sacerdote de 29 años en la parroquia de San Emilio, en el madrileño barrio de La Elipa.

Es una historia diferente. «Fue en casa donde aprendí la fe -explica con su cara de crío, llena de pecas y de ojos enormes y radiantes-, de la forma en que mis padres se trataban entre sí y nos trataban a mí y a mis dos hermanas». «Mi padre disfrutaba con todo», dice con entusiasmo. Y recuerda cómo aprendió de él a mirar el vino al trasluz, en la copa, y disfrutar de su color. O cómo se interesaba por la Historia o lo llevaba de tapas por el Madrid viejo. «Cuando estaba en quinto de básica una trombosis lo desmoronó. Aquello me sacó de mi pequeño mundo ideal: no todo era bueno». En los años siguientes fue expulsado del colegio y, en 1988, conduciendo, tuvo un accidente en el que murieron su madre y su tía. Circunstancias tan trágicas, sin embargo, no pudieron con él. «Había asistido, en los últimos tres años de vida de mi madre, al espectáculo de verla cuidando a mi padre con ternura, cuando ni siquiera nos reconocía ya. Domingo tras domingo, en aquel hospital, me vi forzado a buscar una respuesta ante esa dramática situación». «Ven y verás» Y fue, como en los otros casos, una compañía humana: «Mi madre me había llevado a la parroquia de San Jorge. Durante años yo había rezado a un Ser lejano: «Si existes —pedía- acuérdate de nosotros, porque parece que estamos abandonados de tu mano», pero allí encontré amigos capaces de escuchar, que me ofrecieron una respuesta: «Ven, vive con nosotros y verás»». De esa amistad nació una alegría desbordante y la convicción, desde los 15 años, de querer ser sacerdote. «Supe -explica Emilio- que Cristo es todo y deseé que mi vida entera fuese para Él». Doce años más tarde se ordenaba en la Almudena. «El cura es el amigo del hombre -prosigue-, es Cristo encarnado, que acompaña al hombre desde el nacimiento hasta la muerte. Me conmueve que yo, tan limitado, pueda hacer presente, ante hombres mucho mayores y maduros que yo, esto que no es de este mundo» -Muchos sacerdotes se quejan de soledad;.. -Gracias a Dios yo no tengo esta experiencia. La fe en Jesucristo se da a través de la realidad de la Iglesia; en particular en la relación con una serie de amigos que me cuida de un modo tal que, a su vez, me permite abrazar el destino de los otros, en el confesionario, cuando se acercan a pedir ayuda a la Parroquia o en el tanatorio, y hacerles partícipes de lo que ellos me dan a mi. -¿Y esto compensa de no poder abrazar a una mujer, de no tener hijos? -Es que yo no vivo con la percepción de haber perdido nada (se sonríe). Lo mismo me preguntaba una amiga hace poco. Le contesté que, como Cristo está presente aquí y ahora, las mujeres que veo por la calle me encantan y me recuerdan la frase de San Agustín: «La belleza es el reflejo de la Gloria de Dios». Cuando las miro, no puedo dejar de decirme: «¡Y pensar que sólo son el reflejo! ¿Cómo serás entonces, Dios mío?».Cristina LÓPEZ SCHLICHTING. ABC/

2.- Un peregrino a Colonia

Creo sinceramente que yo también fui a adorarle...Así empezó esta peregrinación; bajo este lema, empuñado por los antiguos y casi prehistóricos, pero no por ello olvidados, reyes de oriente, que como nosotros, la juventud del siglo XXI, seguían y sigamos a Dios en nuestras vidas. Sé que soy pecador, que vivo bajo pecado, pero no desisto de intentar seguirle y creo que esta peregrinación me ha ayudado a reafirmar mi fe y a darme fuerzas para continuar con esperanza. Soy un hermano de la tercera comunidad del Santo Cristo de Barcelona, tengo 18 años y nuestro viaje empezó con una hermosa penitencial junto con la parroquia de San Luis Gonzaga de Barcelona para preparar el espíritu hacía el viaje que debíamos empezar. Partimos el día 18 de agosto sobre las 5:30 y el viaje estuvo marcado por la alegría y el espíritu joven que siempre nos acompaña... Tuvimos la suerte de poder visitar antes del encuentro las preciosas ciudades de Aviñon, Lyon, Ars, y Strasburgo; fue en esta última donde nos tocó hacer la misión popular. Personalmente quedé maravillado de la fuerza que puede salir de nuestros corazones si creemos en algo firmemente y apostamos por eso. Fue genial ver cómo, en medio de la plaza de la catedral de Strasburgo, nos poníamos todos a cantar, tocar y bailar y algunos a dar su experiencia con el fin de anunciar el evangelio. La gente quedaba alucinada con lo que veían sus ojos y creo que estuvieron a gusto con nosotros; al menos tuvimos mejor suerte que otros hermanos de otras comunidades que tuvieron muchas más dificultades a la hora de hacer la misión. Otro punto precioso de ese momento fue el entrar contando en la catedral y el rezar a la virgen con un canto mientras el resto de la gente miraba atónita. A la salida de ésta, encontramos a hermanos de la parroquia de la Santas de Barcelona que se disponían a empezar su misión popular... fue maravilloso. De vuelta ya al autocar le pregunté a una hermana de comunidad que si creía que lo que habíamos hecho serviría de algo y ella me respondió que nunca lo sabríamos, pero que a lo mejor gracias a lo que habíamos hecho aquel día, alguien escucharía hablar de Dios... y que eso bastaba. Creo que a Dios le caigo genial y me quiere demasiado pues soy muy débil y de camino al encuentro del Papa en Colonia (Marienfield) mi corazón empezaba a murmurar y desmoronarse. Tenía muchísimo miedo a sufrir, a que lloviera, a que quedara todo embarrado y por tanto calados hasta el cuello... pero no, como ya he dicho, Dios me quiere demasiado, y encima gratis. Fue una jornada perfecta la del encuentro aunque con los típicos problemas de organización pero que rápidamente se solucionaron. He de confesar que no escuché muchas de las palabras del Papa pero de lo poco que escuché me llegó lo de: "No hagáis una religión a la carta", pues yo soy el primero que intento acoplar mi vida cristiana con la vida que tengo fuera de la iglesia. Gracias a Dios, y nunca mejor dicho, disfrutamos de la gente, del momento y del ambiente que se respira en las peregrinaciones, pues también le doy gracias a Dios por la gente con la que he podido compartir el viaje que son un regalo de Dios. Así transcurrió la jornada mundial de la juventud y como las comparaciones son odiosas, hay que decir que por muchas cosas malas que se hayan dicho de este Papa... que no se preocupe, que aquí estamos nosotros para defenderlo. Gracias a esto, las palabras que pude escuchar durante la peregrinación, vuelvo con las pilas cargadas para resistir los ataques durante algún tiempo más y sabiendo cuál es mi misión: anunciar el evangelio a la gente que no lo conoce, pues este regalo que se me ha dado gratis, no es por mis méritos, sino para que lo comparta con la gente, mis amigos y conocidos que hay en mi vida y que nunca han oído hablar de Dios. Espero que esta experiencia le sirva a alguien para recordar con alegría la peregrinación y para que dure, si cabe, un tiempo más este maravilloso espíritu.

1.- La Defensa de la Vida es uno de los temas más candentes de nuestro tiempo.

Juan Manuel de Prada confiesa que redescubrió el cristianismo como «provocación» ante «la doctrina imperante». Nacido en Baracaldo (Vizcaya) en 1970, ganó el premio Planeta de 1997 con «La tempestad», el premio Primavera de Novela de 2003 y el premio Nacional de Literatura 2004 en la modalidad de Narrativa con «La vida invisible». Su labor como articulista le ha hecho merecedor de los premios Julio Camba, el de Periodismo de la Fundación Independiente, el José María Pemán y el González Ruano. En esta entrevista explica cómo ha descubierto a Dios y cómo ha interiorizado su adhesión a la propuesta cristiana.

¿Podría dar unas pinceladas de cómo fue su aproximación al cristianismo? Yo recibí de mi familia la fe católica, hubo un momento en el que rompí con esa fe católica, no es que llegase a ser una «noche oscura», sino más bien un proceso transformación natural, propio de los años de la adolescencia, y más diría necesario y beneficioso porque cuando crecemos con esa fe heredada corre el riesgo de quedarse en una fe inerte. Es necesario un proceso de purificación y un proceso personal de búsqueda. Si nos conformamos con esa fe heredada no vamos a ninguna parte. Precisamente creo que uno de los problemas de los católicos de nuestro tiempo es que se conforman con mantener unos ritos más o menos desganados. Y siguiendo con ese proceso personal llega un momento en el que empiezo a escribir y empiezo a percibir la hostilidad que suscita lo religioso y más concretamente lo católico. Es percibido de manera hostil especialmente por los sectores intelectuales. Entonces surge en uno la necesidad de plantar cara a esa corriente gregaria que se dedica a denigrar a la Iglesia. De ahí surge un interés de llevar la contraria y de intentar actuar como contrapeso a todas esas voces. Pero paulatinamente descubres que ya no te conformas con refutar las falsedades sino que empiezas a redescubrir tu propia fe. Pero entonces esa actitud, ¿es más por vocación o por provocación? Bueno las dos cosas no son incompatibles ¿no? A G.K. Chesterton (1874-1936) muchos de los escritores de su época sostenían que él era católico por su gusto por la paradoja, en el sentido de llevar la contraria. Y quizá mi primera aproximación hacia lo católico sí es posible que nazca de un instinto de provocación, de oponerme a la doctrina imperante. Pero llega un momento que no solo sientes la necesidad de combatir los ataques que recibe la iglesia sino que no puedes ser neutral, te sientes atraído hacia ella y ahí surge la vocación. De sus manifestaciones destaca especialmente el énfasis y la extensión que ha dedicado en sus alegatos en defensa de la vida ¿existen motivos de historia personal que justifiquen o expliquen esta especial atención a este tema? Creo que es uno de los temas más candentes de nuestro tiempo, y... bueno, cuando nació mi madre murió mi abuela en el parto, y probablemente hoy día a lo mejor hubieran matado a mi madre y por lo tanto yo no existiría. Pero no creo que mi interés nazca tanto de esta circunstancia personal como del hecho de que creo que es el caballo de batalla de nuestro tiempo. El cristianismo siempre se ha destacado por aportar ideas nuevas a la sociedad a pesar de que la sociedad se haya empeñado en tacharlas de viejas, así en un momento dado de la historia fue el tema de la esclavitud, en otro ayudar a sentar las bases de la democracia, en otro de la justicia social, y hoy en día este tema es nuestra vergüenza social. Antes apuntaba cómo descubrió el rechazo que lo religioso provoca socialmente. ¿Está vigente todavía el divorcio entre fe y cultura que ya constataba Pablo VI? Creo que la situación se ha agravado porque a la falta de diálogo se ha añadido una aversión desde el ámbito de la cultura. Pero tiene una solución y como siempre tiene que partir de los cristianos de base. Tenemos que asumir que, si de verdad queremos ser protagonistas de nuestro tiempo, tenemos que tener unas inquietudes intelectuales y culturales. Esto es algo que me preocupa, y citando nuevamente a Chesterton decía que convertirse al catolicismo era una incitación a pensar de forma más libre y a tener más curiosidad. Yo percibo en muchos católicos españoles que viven su religión de una forma muy apática muy pasiva. Yo siento que han perdido la curiosidad y con ello la capacidad de influencia en nuestra época y esto es lo provoca que esa ruptura entre fe y cultura se esté agigantando. Si los católicos no manifestamos un interés cultural desde estos ámbitos se les posterga. Es importante que los católicos recuperemos posiciones de vanguardia. En alguna ocasión ha dicho que la literatura tiene algo de religión. ¿Es por aquello de que «El Verbo [la Palabra] se hizo carne…»? A través de la literatura o de cualquier expresión artística, el hombre se revela más que nunca imagen de Dios. El hombre participa de esa capacidad creadora del Dios del Génesis. El acto de crear es en sí mismo un acto religioso. Y por otro lado la dedicación literaria tiene algo de vocación religiosa en el sentido de que exige una serie de renuncias, de sacrificios, de preparación, una ascética y una mística. Como buen escritor será también buen lector y crítico: ¿que juicio literario haría de los sermones y de los textos que se utilizan hoy día para la evangelización, especialmente los textos episcopales? Hay de todo. Y si me permite vuelvo a citar a Chesterton: la anécdota surge a raíz de su visita a una iglesia católica en la que asiste a un sermón desastroso, y él se hace la siguiente reflexión: una religión que ha sobrevivido dos mil años a ministros tan deplorables como este sin duda tiene que ser la religión verdadera. Creo que los sacerdotes en general hacen un gran esfuerzo por aproximarse a la gente que les está escuchando. Y respecto a nuestros obispos y sus documentos... creo que una de las grandes ventajas de los escritos de nuestros obispos es que la escritura eclesiástica preserva el sabor originario de las palabras, en un mundo en el que el lenguaje está tan banalizado. La formación de sus autores, esa sintaxis latina, todo ello hace que los textos tengan una fuerza primigenia.